La UNIA premia un trabajo sobre la atenuación natural de la contaminación en las balsas

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La Universidad Internacional de Andalucía (UNIA) ha premiado el trabajo de Julio César Castillo Hernández, posgraduado de las universidades de Huelva y UNIA y graduado de la Universidad Pedro Ruiz Gallo del Perú, sobre atenuación natural de la contaminación en las balsas de fosfoyesos en la IV edición del Premio de Estudios Iberoamericanos La Rábida, en la modalidad de Ciencias y Tecnología.

Según ha informado la institución universitaria en una nota, el trabajo galardonado que se denomina ‘Atenuación natural de la contaminación por bacterias sulfato reductoras en las balsas de fosfoyesos’, demuestra, según su autor, que “la Biorremediación por bacterias sulfato reductoras (BSR) y comunidades bacterianas anaerobias serían una alternativa fiable, factible y económica no solo para las balsas de fosfoyesos de Huelva, sino también para los focos de contaminación de fosfoyesos del Magreb y Latinoamérica”.

En este sentido, añade que “los residuos orgánicos utilizados para fomentar el desarrollo de las bacterias anaerobias propias de los fosfoyesos, pueden ser encontrados fácilmente en cualquiera de estos lugares”.

Según el trabajo seleccionado, “varios miles de millones de toneladas de fosfoyesos se encuentran apilados por todo el mundo, y seguirán apilándose a mayor velocidad, debido a la demanda creciente por la agricultura de ácido fosfórico”.

Aproximadamante el 30 por ciento de estas enormes cantidades se encuentran en Latinoamérica y el Magreb y alrededor de 120 millones de toneladas de fosfoyesos se encuentran en Huelva, apiladas en las marismas del río Tinto (España), según se recoge en este estudio cuyo objeto de investigación han sido estas marismas.

En este trabajo se ha investigado de forma preeliminar la capacidad de las marismas para atenuar la contaminación generada por los lixiviados originados en los fosfoyesos.

El autor considera que el agua intersticial y las muestras sólidas obtenidas a diferentes profundidades hasta llegar al suelo de las marismas fueron caracterizadas química y mineralógicamente.

Por su parte, en las zonas superficiales, los metales presentaron gran movilidad, y “no se encontró azufre reducido”. Sin embargo, la concentración de contaminantes disminuyó en las aguas intersticiales “más profundas” que presentaban condiciones anaeróbicas. “La inmovilización de los metales producida por la precipitación de sulfuros, demuestra que es el principal responsable de la atenuación de los metales tóxicos contenidos en los lixiviados de fosfoyesos”, afirma el autor.

Este estudio previo permitió confirmar la actividad de comunidades bacterianas anaerobias y posiblemente de BSR en los propios fosfoyesos. Partiendo de esta confirmación se realizaron cinco ensayos, enfrentando los fosfoyesos como un inóculo natural de BSR a tres sustratos diferentes, –estiércol de caballo, cubierta vegetal y compost de leguminosas–, y a concentraciones conocidas de metales pesados (hierro, cobre, cinc, cadmio y plomo), “con el objetivo de poder usar las BSR como biorremediación para cualquier acopio de fosfoyesos”, agrega el estudio.

En la investigación se concluye que el sustrato con mejores características químicas fue el estiércol de caballo, que presenta una población microbiana apropiada que consta de bacterias celulolíticas; así como que la remoción de metales tóxicos fue óptima en todos los ensayos.

luis

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